Mi fascinación con las palabras viene de mis lecturas de Borges. No conozco a ningún otro escritor que, como él, sea capaz de imprimirles esa multiplicidad de significados que proviene de la ambigüedad, o de la adjetivación aparentemente contradictoria, o de la ubicación inusual en el contexto sintáctico. Borges asocia las palabras, no sólo a través de su significado lógico en el contexto, sino que a través de insinuaciones múltiples que provienen de las conexiones más inesperadas y sorprendentes. De ahí proviene el nombre de este blog: Diversidad.
Una asociación borgesiana de muchos conceptos: diversión, versatilidad, verosimilitud, divertido, verdad, universidad, multiplicidad étnica, variedad, solamente para nombrar algunos.
Saturday, January 23, 2010
Friday, January 22, 2010
Porqué Piñera puede ser bueno para Chile
No se trata de ser optimista o andar buscándole el lado positivo a las cosas a toda costa. No suelo hacerlo. Me gusta mirar el vaso “medio lleno” y el vaso “medio vacío” al mismo tiempo, pero creo que la elección de Piñera es buena para Chile en el largo plazo. No creo, tampoco, que el suyo vaya a ser un buen gobierno. Piñera es un populista de derecha, pero Frei es también un populista, aunque de izquierda. Todos esos “ofertones” de campaña lo dejan muy claro. La diferencia entre uno y otro es que el primero proviene del paternalismo y el segundo del resentimiento.
El gran riesgo del populismo es que está a un paso del autoritarismo y necesita un contrapeso. El contrapeso del autoritarismo en Chile, en este momento, es un sistema más o menos democrático, en lo político, y más o menos liberal, en lo económico, pero sobre el cuál existe una especie de consenso nacional, a nivel de la masa ciudadana, aunque no sea necesariamente compartido por todo el liderazgo político, ni por la mayoría empresarial (los que en Chile, de una manera u otra, sienten una peligrosa atracción por lo que ellos llaman “mano dura”, y que no es sino un amor destemplado por la represión).
La derecha iba a ganar las elecciones más temprano que tarde, pero solamente esta vez, con Piñera, la derecha liberal tenía la posibilidad de llevar al candidato, la próxima hubiera sido un UDI, que representa una derecha autoritaria, fascistoide, nostálgica de la dictadura. Esta elección representa la consolidación de la derecha democrática en el liderazgo. Pronto se verá a Piñera rompiendo con la UDI y gobernando con los democratacristianos y con los radicales, lo que permitirá volver a los tres tercios, con la seguridad histórica que el centro, en caso de ser necesario, esta vez elegirá a la izquierda sobre la derecha, gracias a la trayectoria de la concertación.
Esperemos que los políticos chilenos sean lo suficientemente inteligentes para modificar el sistema hacia uno más parlamentario y menos presidencial, o sea uno más democrático y menos paternalista.
El gran riesgo del populismo es que está a un paso del autoritarismo y necesita un contrapeso. El contrapeso del autoritarismo en Chile, en este momento, es un sistema más o menos democrático, en lo político, y más o menos liberal, en lo económico, pero sobre el cuál existe una especie de consenso nacional, a nivel de la masa ciudadana, aunque no sea necesariamente compartido por todo el liderazgo político, ni por la mayoría empresarial (los que en Chile, de una manera u otra, sienten una peligrosa atracción por lo que ellos llaman “mano dura”, y que no es sino un amor destemplado por la represión).
La derecha iba a ganar las elecciones más temprano que tarde, pero solamente esta vez, con Piñera, la derecha liberal tenía la posibilidad de llevar al candidato, la próxima hubiera sido un UDI, que representa una derecha autoritaria, fascistoide, nostálgica de la dictadura. Esta elección representa la consolidación de la derecha democrática en el liderazgo. Pronto se verá a Piñera rompiendo con la UDI y gobernando con los democratacristianos y con los radicales, lo que permitirá volver a los tres tercios, con la seguridad histórica que el centro, en caso de ser necesario, esta vez elegirá a la izquierda sobre la derecha, gracias a la trayectoria de la concertación.
Esperemos que los políticos chilenos sean lo suficientemente inteligentes para modificar el sistema hacia uno más parlamentario y menos presidencial, o sea uno más democrático y menos paternalista.
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